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No hay revolución posible sin la libertad de las mujeres

Colectivo Feminista Proyecto Pasos.



  “Una sociedad que no tiene condiciones objetivaspara dar empleo, salud, vivienda y escuelas, es una sociedad abortiva, una sociedad que obliga a las mujeres a escoger entre permanecer en el trabajo o interrumpir un embarazo es una sociedad abortiva […] Una sociedad que silencia la responsabilidad de los varones y sólo culpabiliza a las mujeres […] es una sociedad excluyente, sexista y abortiva”.
Ivone Gebara


El pasado 10 de mayo una noticia generó conmoción en la sociedad colombiana, la Corte Constitucional decidió fallar a favor de la abogada Mónica Roa, quien meses atrás presentó una demanda que buscaba despenalizar parcialmente el aborto en Colombia. Después de un largo proceso donde las feministas realizamos incidencia política, movilización y actos públicos, la Corte determinó que si bien la penalización del aborto se ajusta a la constitución política nacional, existen algunos casos en los cuales no puede considerarse delito: cuando el feto presente graves malformaciones, cuando el embarazo sea producto de una violación o incesto y cuando continuar con la gestación ponga en riesgo la vida de la madre. Luego de la sentencia, las reacciones adversas no se hicieron esperar, la iglesia católica salió a decir que excomulgaría a los magistrados que habían aprobado la despenalización y los sectores médicos conservadores anunciaron que harían “objeción de conciencia” para negarse a practicar abortos. Mientras, los grupos feministas recibimos la noticia con sorpresa y satisfacción, sin duda el fallo constituye un avance muy importante, es resultado de muchos años de lucha y, sobre todo, es un hecho político que cuestiona la idea según la cual ser madre es obligatorio para las mujeres en cualquier caso.

Por otro lado, sabemos que en medio de la euforia y el entusiasmo generalizado, es necesario tener claro los alcances y limitaciones del fallo. Es decir, el aborto continúa siendo un delito con excepción de los tres casos mencionados, en la práctica esto significa que la mayoría de colombianas que abortan lo seguirán haciendo en forma clandestina porque sus motivaciones no han sido aun contempladas.

Sabemos que buena parte de las mujeres que interrumpen una preñez lo hacen porque no pueden afrontarla económica o emocionalmente, y es justamente a ellas a quienes la sociedad continúa castigando, encerrando y culpabilizando de forma individual, sin atacar las causas estructurales de pobreza, desempleo, abandono del progenitor, falta de acceso al sistema de salud y ausencia de protección a la niñez por parte del Estado. Todas estas circunstancias influyen en la decisión de las mujeres de interrumpir un embarazo.

Pero, ¿por qué es tan difícil despenalizar completamente el aborto en Colombia? ¿por qué tanta resistencia? Para comprender esto es necesario partir de la visión que existe sobre las mujeres y su sexualidad. El orden social patriarcal asigna a las mujeres la función “irrenunciable” de ser madres, impone un deber ser que no permite asumir la maternidad como un acto voluntario, elegido y satisfactorio, sino como la única alternativa de “realizarse como mujer”. Por otra parte, para el sistema capitalista es necesario que las mujeres se encarguen del cuidado y sostenimiento emocional de los hijos y la familia, realizando un trabajo que no es socialmente valorado ni remunerado, aunque produce bienestar social indispensable para el proceso productivo y la acumulación de riqueza. En este sentido, para el capitalismo no es conveniente que las mujeres dispongan de sus propios cuerpos determinando cuándo asumir un embarazo. En especial las restricciones sobre el aborto las sufren aquellas mujeres del tercer mundo, cuyos hijos son convertidos en mano de obra barata, sobre explotada y poco calificada.

Además, en Colombia la iglesia católica ha jugado un papel nefasto impidiendo durante décadas que las mujeres tengamos autonomía sobre nuestra sexualidad y reproducción. Para ello, ha utilizado argumentos que no se encuentran en los evangelios -pilar fundamental del dogma cristiano- ejerciendo presión sobre las políticas del Estado. Las condenas contra el aborto han sido creadas de manera arbitraria por los jerarcas a lo largo de la historia y convertidas en leyes de un Estado que se proclama laico.

En la actualidad, la prohibición del aborto se mantiene total o parcialmente en la mayoría de países latinoamericanos y las políticas de educación y salud sexual son escasas e ineficientes. Por esta razón, las mujeres seguimos estando obligadas a asumir la maternidad bajo condiciones indignas y los Estados que dicen proteger la vida son indiferentes a la muerte de miles de mujeres que fallecen por abortar sin ninguna protección. Es especialmente grave la situación de las mujeres de sectores populares quienes abortan en lugares clandestinos con métodos rudimentarios, antihigiénicos y peligrosos.

Frente a esta realidad, afirmamos que no queremos más muertes de mujeres por causa de abortos inseguros, no aceptamos más limitaciones para ejercer nuestra libertad de elegir cuando somos madres, no nos conformamos con una despenalización del aborto sólo en circunstancias especiales, reclamamos su legalización sin restricciones. Instamos a la sociedad y, en especial a los revolucionarios y revolucionarias a sumar su compromiso a nuestra causa. No hay revolución posible sin la libertad de las mujeres.



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