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Las mujeres jóvenes no somos agentes pasivas del desarrollo: estudiamos, trabajamos, somos activistas y participamos en la vida política y social de nuestras comunidades con la finalidad de mejorar y potenciar en el día a día las diversas situaciones que vivimos. Educación, trabajo y empleo, migración, desarrollo económico sustentable, salud, sexualidad y reproducción, culturas, comunicación, ecología, o sea, derechos humanos y ciudadanía, son algunos de los temas que nos afectan y nos convocan.
Hoy, aunque la situación de las mujeres en la región sigue siendo desigual, ha mejorado con relación a treinta años atrás, lo que no ocurre con la situación de la población joven ya que mientras las políticas de las mujeres han sido impulsadas por los movimientos de mujeres y feministas, eso no ha ocurrido con la juventud, pues 1) las y los jóvenes no son reconocidos/as como actores/as de cambio y 2) la condición social de las y los jóvenes es por definición, transitoria. Estas dos razones combinadas generan condiciones en las cuales la promoción, el reconocimiento, el respeto y el ejercicio de los derechos humanos y la ciudadanía de las y los jóvenes enfrentan retos difíciles de superar, afectando especialmente a las mujeres jóvenes.
No hay democracia auténtica si la mitad de la población no tiene acceso en igualdad de condiciones a la posibilidad de intervenir en la vida colectiva. Cuando consideramos el enfoque de juventud, esta posibilidad se torna aún más inalcanzable. En la mayor parte de las sociedades, las personas jóvenes además de que no pueden ejercer la totalidad de sus derechos humanos, son consideradas un grupo de riesgo, vulnerable, que está en condiciones sociales precarias, que debe ser atendido por programas específicos asistencialistas para mejorar sus condiciones de vida. Si bien es verdad que la población joven de América Latina y especialmente las mujeres viven en una la situación de vulnerabilidad y exclusión, en nuestra articulación creemos que es fundamental cambiar la mirada y considerar que los /las jóvenes pueden ser actores/as de su propio desarrollo, sujetos/as de derechos humanos, protagonistas de la construcción, mantenimiento y fortalecimiento de su propia ciudadanía.
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